martes, 24 de junio de 2008

Palabras Carlos Asiain

Enero de 2003

Con el lanzamiento de TRAZOS, Néstor Medrano retoma la narración lineal de varios temas que aparecen, generalmente, en sus series, estos temas de índole social fluyen y reclaman atención, si bien es cierto a través de lo puramente artístico, traspasando esa visión y comprometiéndose con una lucha inmemorial: la justicia y la injusticia de los sistemas y la soledad de los hombres que las sufren casi con resignación.

Pero no todo esta perdido en este universo; también otros valores y representaciones se imponen y exaltan la capacidad del ser humano por volar sobre la angustia y el descrédito. Y así vemos en las imágenes de Medrano jugar a los niños y amarse violenta y apasionadamente a los amantes; los Ángeles sonríen desde un cielo indefinido, los ciclistas – como el mismo autor – recorren caminos “a lo largo del sendero “y los payasos y otros personajes nos invitan a una fiesta inolvidable, cargadas de nostalgia y no de tristeza.

E l conjunto de obras de Medrano tiene algo de un Fellini criollo, absolutamente nuestro, donde todo esta bajo una tensión critica sin mordacidad y sin juicios sumarios; sin declararse la medida de las cosas mismas desde uno u otro punto de vista. Está y ocupa un espacio porque esencialmente es, antes y después de cualquier análisis.

Medrano sustenta la ideología de su obra con una gama interminable de valores plásticos técnicos y sensibles: contrastes, veladuras, ritmos, texturaciones infinitas, manchas, aparentes desprolijidades, todo ello en el marco de una composición dinámica que trasunta la íntima relación entre la vida y la idea.
El mundo en blanco, negro y gris de Néstor Medrano encierra una tabla de colores imposible de obtener de otro modo que ejercitando los ojos del corazón y los delirios de la razón.

CARLOS ASIAIN
Delegado ENTRE RIOS
Fondo Nacional de las Artes

Palabras de Marcelo Olmos

Enero de 2003


El dibujo de Néstor Medrano es un expresivo relato de lo cotidiano, pero visto por un observador que apela no solo a lo irónico. También aparece la provocante ternura que sus figuras, implicadas en el movimiento, en la fragmentaria expresividad de los trazos, en el relato secuencial que delata una historia detrás de otras historia detrás de otras historias, que adquieren movimiento, avanzan en su narración y estimula al receptor en la búsqueda de una respuesta en sí mismo, de un final subyacente en sus propias experiencias.
Porque las imágenes de Medrano se nutren de la observación diaria de una sociedad compleja como la nuestra, en la búsqueda de remansos que permiten el próximo salto. Y lo popular adquiere preeminencia en su narración, alcanzando lo cotidiano en las secuencias de una narrativa rica en trazos, fuertes imágenes y dramáticas escenas donde el humor no esta ausente. Medrano es, repito un observador sediento de una sociedad sedienta, pero también apela al infinito afecto por esos personajes que conviven en las mismas calles y ciudades, en los distintos mundos que componen la sociedad argentina, capa sobre capa, esferas que se tocan y se confunden, un universo desordenado, pero en el que debemos vivir.
Hay convocantes nostalgias, pasadas y presentes. Personajes que en su anonimato oscuro de lo diario, del devenir de calles y potreros van dejando su memoria. Y es el trazo firme de Medrano, la línea suelta, el gesto fuerte y sin disfraces que los muestra. El contraste de negro sobre blanco, así de simple, sin búsquedas elaboradas, sin sombras ni grises, directo. El dibujo de Medrano adquiere la particular distinción que implica su honestidad en el manejo de los recursos, de sincero lenguaje. Figuras que se entrelazan sobre fondos rítmicos, fondos que se transforman en otra historia, tan presente como la principal. Y en este universo de plena coherencia y lucidez, Medrano despliega su técnica, su intención, su mirada, para atraparnos, envolvernos en sus historias.



Arq. MARCELO OLMOS
DIRECTOR
Museo Provincial de Bellas Artes
“Rosa Galisteo de Rodríguez “

Huellas









































Huellas


















“Huellas” después de “Trapos”.
Si existe entre nosotros algunos artistas plásticos, en constante búsqueda para consolidación de su imagen y nuevas técnicas, uno de ellos—a no dudarlo—es Néstor Medrano.
(Por supuesto me refiero a la consolidación de sus imágenes artísticas, que es algo que lo ha ocupado ya en sus primeros trabajos...)
Medrano, desde su taller fortaleza en la calle Andrés Pazos, desde el silencio del jardín de invierno que linda con su taller-casa; desde muy sólidos principios humanos, filosóficos; desde una cultura-cultivo que lo guía y lo alimenta y lo define, mira el entorno y espía sin prisa el contenido; sin pausa los destinos. Y se juega sobre los soportes de sus relatos a color, a línea, a materia, --ahora—siempre; Con una humildad casi emocionante.
Desde lo aparente y metafórico, desde lo simbólico (casi) desde las imágenes (... “que son un poco lo que son las cosas”...), va plasmando emociones y circunstancias sin ánimo de juicio, sin siquiera empujarlas al circo de la demencia, pero ellas se imponen mas allá del pintor, son demasiado elocuente, demasiado evocativas.
Hace tiempo que Medrano dibuja a los jubilados para contar otras ilusiones perdidas; a los perros rabiosos, para ilustrar los sentimientos mezquinos y llenos de ira; a los Ángeles rubicundos (suponemos, aun pintados de blanco y de negro) y regordetes, para convenir que si bien es cierto son soñados, los soñamos, pero no debemos condenarlos a una total falta de posibilidades. Y también dibuja a ciclistas, u futbolistas, a rameras y clientes; a payasos y equilibristas, a luces y a sombras.
Ahora, sus “Huellas” nos llevan por caminos que si bien y de alguna manera fueron transitados, reaparecen con fuerza renovada para informarnos de un lenguaje que parecía olvidado, pero que dice lo que debe; con su abecedario y su fraseo sorpresivo y felizmente actual, comprensible, inductor...
También aparecen sus personajes conocidos, y se suman otros que hacen su aparición de manera brillante en una presentación imperdible, compartiendo escenario con técnicas que –como ya dije—parecían olvidadas.
Así, veremos formulas de materias que emplearon los informalistas (cola de caseína, ferrite) y maneras puntillistas e impresionistas a las que Medrano ha llegado en la necesidad de pincelar el soporte, creando muy curiosos valores cromáticos, como si estuviésemos frente a un mural—él conoce muy bien estas técnicas, y tienen que ver con su ideología artística—texturado e iluminado con fuerza y oscurecido con mas fuerza todavía.
Es muy curioso ver que el fondo y la figura emergen uno de la otra y ambos se complementan (desdibujándose, no obstante...) y conjugan, es mas, uno y otro nos acercan a los muros escritos de nuestra infancia—no a los graffiti—por donde la tiza raya irregularmente la superficie de las paredes, de los suelos—para inaugurar las rayuelas--; de los pizarrones oscuros, para iluminarlos con la magia gnóstica de la inocencia perdida.
Así como García Márquez descubrió e inauguró a Macondo e hizo parir a Isabel, mirando caer la lluvia sobre ese pueblo de literatura americana, mágica y, ¿porqué no? posible.
Así como Berni nos presento a Juanito Laguna y a la sublime Ramona Montiel, con sus fantasías y sus realidades entre tapas de aluminio destrozadas y retazos de percalina y hojas de encuadernación escritas: “-Ramona ya me salí de la colimba pero no te veré mas, discúlpame Ramona, es mejor que sigamos nuestra vida por separado”... ; o como Xul Solar desestructuró lo creado para crearse un universo con reglas, derechos, deberes y hasta juegos de mesa propios, Medrano debería estar entre los artistas que van proponiendo una historia posible. Desde lo fantástico o desde lo real; para siempre.


Carlos Asiain. 2005



Buen escribiente y muy buen traductor: Rubén Ballesteros.